
Subí al tren un 13 de Diciembre de 1988 a eso de las 9:15 de la mañana. Al día siguiente los sindicatos tenían convocada una gran huelga general contra las políticas obreras del gobierno González.
Tenía 23 años y tan sólo había pisado la capital de España durante un fin de semana, clandestinamente enamorado, de finales del 86.
Llegué con el temor, que suelen transmitir los telediarios, de que atentaran contra mi integridad física, lo que provocó que me pasara todo el día 14 encerrado frente al televisor de unos tíos lejanos que me acogieron hasta que yo me desenvolviera en el arte de alquilar pisos a precios madrileños.
Estaba citado para el 15 de Diciembre en Prado del Rey. Cuarenta y ocho horas después de mi
atrenizaje empecé a pasearme por los decorados que durante tantas noches había visto en el salón de casa y que pese a serme familiares me resultaban ajenos a la par que irresistiblemente atractivos.
Acostumbrado durante 5 años a subirme a los escenarios de los pueblos de mi Andalucía sin más sueldo que un bocadillo y un autobús que nos viajara, se me hacía todo un mundo emocionalmente mágico trabajar en TVE y cobrar un sueldo mucho más que decente mientras por los pasillos y camerinos de Prado del Rey deambulaban Lola Flores, el hombre del tiempo... y espiaba las grabaciones del mítico “Un dos tres” o el especial Nochevieja de “Martes y trece”, por poner un par de ejemplos.
Desde aquellos fantásticos primeros meses, donde me daba todo tipo de caprichos, hasta el día de hoy ya han pasado 20 años.
Años de trabajo y de paro. De mucho dinero y de pedir prestado para acabar el mes, de amores y desamores…
20 años donde, pese a no acabar de sacarle a Madrid todo el partido que se le podría sacar, puedo presumir de haber resistido, de haberme fabricado mi nidito, y de respirar como uno más en una ciudad en la que, desgobierne quien desgobierne, seguirá siendo la más cosmopolita, plagada de madrileños adoptados que nos sentimos como en casa, cada vez más multicultural y en donde las libertades son mucho más tangibles que en la mayoría de otras partes de esta España nuestra que se debate entre ser Europa o una “España es diferente” dividida en multitud de aristas.
Gracias Madrid, por haberme regalado media vida de sales y azúcares.
¡ Salud ¡